Releyendo la carta de Sergio Larrain a su sobrino

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Carta de Sergio Larrain a su sobrino.

Hay textos que si te gusta la Fotografía y en especial la Fotografía de calle no deberías dejar de leer. Una de las muestras más claras es una carta de Sergio Larrain dirigida a su su sobrino en la que trataba de trasmitirle su manera de buscar imágenes, está datada en 1982 cuando ya había renunciado a formar parte de Magnum Photos (a la que había llegado por empeño del mismísimo Henri Cartier-Bresson).

Cuando leí esa carta por primera vez hace ya mucho tiempo me maravilló, pero acabó en algún lugar remoto de mi memoria, como muchas otras cosas. Supongo que una de las consecuencias de buscar incansablemente es que a veces pierdes la pista de las que deberías mantener presentes.

Pero a la vez me gusta pensar que las cosas que de verdad pueden suponer un cambio en tu vida acaba encontrando la manera de volver a cruzarse contigo y que en esa segunda ocasión ya no vuelven a desaparecer nunca, como cuando te reencuentras con una persona con la que sentiste una conexión breve e intensa y sabes que a partir de esa segunda vez sí mantendrás el contacto. Eso me ha pasado con la propia Fotografía.

Este fin de semana sin esperármelo y de la mejor de las formas me topé con este libro, parte de mi lista de deseos desde hace un buen puñado de años. Al abrirlo ahí estaba la carta de la que te hablo, mecanografiada y llena de notas al margen. Y al leerla volví a sentir la emoción de la primera vez y supe que tenía que compartirla contigo.

Pero claro, como este es un blog personal pensado tanto para mí como para ti no me resisto a compartir mis pensamientos e impresiones a medida que pasan las líneas. Ojalá te suceda como a mí y estas palabras cambien tu forma de ver el mundo (y la Fotografía como una manera de estar en él).

Así empieza.

Miércoles. Lo primero de todo es tener una máquina que a uno le guste, la que más le guste a uno, porque se trata de estar contento con el cuerpo, con lo que uno tiene en las manos y el instrumento es clave para el que hace un oficio, y que sea el mínimo, lo indispensable y nada más. Segundo, tener una ampliadora a su gusto, la más rica y simple posible (en 35 mm. la más chica que fabrica LEITZ es la mejor, te dura para toda la vida).

Aunque la cámara sólo es la herramienta y la calidad de tus fotos no depende (tanto) de tu equipo como puede parecer, Larrain tiene razón en que es necesario sentirse a gusto con aquello con lo que trabajas, no sólo para hacerlo cómodamente sino también para que no se convierta en una limitación ni en un pretexto para dejar de buscar imágenes. De modo que hazte con una máquina que te apetezca usar, la que sea, y deja de pensar en las demás inmediatamente.

Cuando dice “que sea el mínimo, lo indispensable y nada más” nos da una pista definitiva para que pensemos única y exclusivamente en las fotos y no en qué llevamos encima cada vez (se parece a la ilógica decisión de emplear un objetivo fijo).

El juego es partir a la aventura, como un velero, soltar velas. Ir a Valparaiso, o a Chiloé, por las calles todo el día, vagar y vagar por partes desconocidas, y sentarse cuando uno está cansado bajo un árbol, comprar un plátano o unos panes y así tomar un tren, ir a una parte que a uno le tinque, y mirar, dibujar también, y mirar. Salirse del mundo conocido, entrar en lo que nunca has visto, DEJARSE LLEVAR por el gusto, mucho ir de una parte a otra, por donde te vaya tincando. De a poco vas encontrando cosas y te van viniendo imágenes, como apariciones las tomas.

Me cuesta pensar en una forma mejor de explicar cómo acercarse a las calles a capturar la vida con nuestra cámara; dejarse llevar, contagiarse del ritmo del mundo y mirar conscientemente, tomarse el tiempo suficiente para ver. El otro día leía que hemos perdido la capacidad de vagar, de caminar sin destino fijo, porque ahora siempre vamos a algún sitio; y sin embargo para crear en cierta forma debemos abandonarnos.

No hay nada comparable a cuando fluimos.

Luego que has vuelto a la casa, revelas, copias y empiezas a mirar lo que has pescado, todos los peces, y los pones con su scotch al muro, los copias en hojitas tamaño postal y los miras. Después empiezas a jugar con las L, a buscar cortes, a encuadrar, y vas aprendiendo composición, geometría. Van encuadrando perfecto con las L y amplias lo que has encuadrado y lo dejas en la pared. Así vas mirando, para ir viendo. Cuando se te hace seguro que una foto es mala, al canasto al tiro. La mejor las subes un poco más alto en la pared, al final guardas las buenas y nada más (guardar lo mediocre te estanca en lo mediocre). En el tope nada más lo que se guarda, todo lo demás se bota, porque uno carga en la psiquis todo lo que retiene.

El trabajo no acaba con el disparo, aunque en cierta forma es el fin en realidad es el comienzo de otra parte muy importante del proceso. Larrain nos cuenta cómo editar nuestro trabajo y aunque los medios que propone son antiguos y hoy todo eso puede hacerse frente a la pantalla (las L de las que habla son dos piezas de cartón que se empleaban para simular el recorte de las fotos en papel, jugando con diferentes tamaños y proporciones), mantener las mejores imágenes en papel y permanentemente a la vista para subir las que aguantan el paso de las sucesivas revisiones y bajar y acabar eliminando (definitivamente y sin miramientos) las que no lo hacen es una magnífica idea que no deberíamos desaprovechar.

Es el mismo método que el otro día me explicaba Jon Gorospe en una cena que compartimos con Estela De Castro, por eso no he podido evitar una sonrisa al encontrármelo aquí.

El cierre de este párrafo es para enmarcarlo, para tenerlo siempre presente y aplicarlo a cómo vivimos la Fotografía y todo lo demás, en realidad. Se explica por sí solo: “(…guardar lo mediocre te estanca en lo mediocre)(…) todo lo demás se bota, porque uno carga en la psiquis todo lo que retiene.”

Luego haces gimnasia, te entretienes en otras cosas y no te preocupas más. Empiezas a mirar el trabajo de otros fotógrafos y a buscar lo bueno en todo lo que encuentres: libros, revistas, etc. y sacas lo mejor, y si puedes recortar, sacas lo bueno y lo vas pegando en la pared al lado de lo tuyo, y si no puedes recortar, abres el libro o las revistas en las páginas de las cosas buenas y lo dejas abierto en exposición. Luego lo dejas semanas, meses, mientras te dé, uno se demora mucho en ver, pero poco a poco se te va entregando el secreto y vas viendo lo que es bueno y la profundidad de cada cosa.

A veces podemos llegar a olvidar lo importante que es desconectar; confieso que no descansar es un error que cometo con frecuencia pero que estoy aprendiendo a evitar.

Hay más de un motivo para hacerlo pero personalmente lo resumiría en que no puedes mantener un estado de máxima actividad durante un tiempo ilimitado (de hecho empeñarse en eso sólo hace que tu nivel de desempeño baje dramáticamente aumentando la frustración) y en que tomar distancia de lo que haces es imprescindible para volver a mirarlo con ojos diferentes a los de la costumbre.

Además de esos motivos tan racionales hay otro que no puedes desdeñar: la vida es mucho más que Fotografía y merece ser disfrutada de muchas maneras diferentes.

También hay que buscar inspiración incansablemente; estamos rodeados de imágenes y a poco que seamos exigentes con las fuentes contamos con innumerables oportunidades para nutrirnos visualmente. Puedes empezar con los mejores libros de Fotografía pero no te quedes ahí; la literatura y otras formas de arte pueden alimentar tu forma de mirar y ampliar tus horizontes más allá de lo que ves ahora.

Sigues viviendo tranquilo, dibujas un poco, sales a pasear y nunca fuerces la salida a tomar fotos, por que se pierde la poesía, la vida que ello tiene se enferma, es como forzar el amor o la amistad, no se puede. Cuando te vuelva a nacer, puede partir en otro viaje, otro vagabundeo: a Puerto Aguirre, puedes bajar el Baker a caballo hasta los ventisqueros desde Aysén; Valparaiso siempre es una maravilla, es perderse en la magia, perderse unos días dándose vueltas por los cerros y calles y durmiendo en el saco de dormir en algún lado en la noche, y muy metido en la realidad, como nadando bajo el agua, que nada te distrae, nada convencional. Te dejas llevar por las alpargatas lentito, como si estuvieras curado por el gusto de mirar, canturreando, y lo que vaya apareciendo lo vas fotografiando ya con más cuidado, algo has aprendido a componer y recortar, ya lo haces con la máquina, y así se sigue, se llena de peces la carreta y vuelves a casa. Aprendes foco, diafragma, primer plano, saturación, velocidad, etc. aprendes a jugar con la máquina y sus posibilidades, y vas juntando poesía (lo tuyo y lo de otros), toma todo lo bueno que encuentres, bueno de los otros. Hazte una colección de cosas óptimas, un museito en una carpeta.

De nuevo  la importancia de dejarse llevar, de no imponernos nada más allá de empaparnos con lo que nos rodea para sentir la vida en toda su enorme dimensión y cuando así lo sintamos tomar la cámara y preservar ese instante para siempre, convirtiéndolo en eterno.

Y a la vez aplicar lo que hemos aprendido hasta ahora, seguir aprendiendo siempre, de nosotros mismos y de los otros.

Sigue lo que es tu gusto y nada más. No le creas más que a tu gusto, tu eres la vida y la vida es la que se escoge. Lo que no te guste a ti, no lo veas, no sirve. Tu eres el único criterio, pero ve de todos los demás. Vas aprendiendo, cuando tengas una foto realmente buena, las amplias, haces una pequeña exposición o un librito, lo mandas a empastar y con eso vas estableciendo un piso, al mostrarla te ubicas de lo que son, según lo veas frente a los demás, ahí lo sientes. Hacer una exposición es dar algo, como dar de comer, es bueno para los demás que se les muestre algo hecho con trabajo y gusto. No es lucirse uno, hace bien, es sano para todos y a ti te hace bien porque te va chequeando.

Larrain sabe de lo que habla cuando escribe que sólo sirve lo que uno escoge (este párrafo está originalmente en mayúsculas por algo). Él mismo, tras una vida dando tumbos, llegó a lo que parecía el culmen de su carrera como fotógrafo ingresando en la agencia más importante del planeta y lo dejó todo para perseguir su propio camino. Se retiró a vivir en el campo con su hijo, escribiendo para cumplir una misión que él mismo se había encomendado y en la que creía fervientemente.

Incluso el hecho de que dejase de fotografiar para los demás y ya sólo lo hiciese para sí mismo nos enseña una lección, la de la fidelidad a uno mismo. Acaso la meta más ambiciosa a la que podemos aspirar, muy por encima de alcanzar el reconocimiento externo aunque este venga de un sancta santorum de la magnitud de Magnum Photos.

Bueno, con esto tienes para comenzar. Es mucho vagabundeo, estar sentado debajo de un árbol en cualquier parte. Es un andar solo por el universo. Uno nuevamente empieza a mirar, el mundo convencional te pone un biombo, hay que salir de él durante el período de fotografía.

Ahí la tienes. Una carta a un familiar que en realidad es una declaración de amor por la Fotografía y la vida, una invitación a mirar con otros ojos y a vivir fiel a uno mismo. Toda una lección de alguien con el coraje de seguir su corazón de la que podemos aprender infinidad de cosas.

Si te ha gustado no dejes de compartirla en tus redes (gracias). Y recuerda que me encantará conocer tus impresiones a través de los comentarios…

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12 Comments
  • Jordi
    septiembre 6, 2017

    Estimado J. Antes de nada, felicitarte por este magnífico artículo y tu blog en general. Hace tiempo que lo disfruto siguiendo tus interesantes publicaciones y consejos.

    Estoy de acuerdo en lo referente a entender la cámara como una herramienta, que sea lo mínimo e indispensable y que la calidad de las fotos no depende tanto del equipo. Sin embargo, creo que esto puede ser una especie de trampa para el que se introduce en el mundo de la fotografía o el aficionado que por el motivo que sea no ha decidido o querido profesionalizarse o especializarse.

    Es cierto que, con un cuerpo de cámara, un objetivo, un flash y un reflector, se pueden lograr fotos creativas. Pero hay que tener en cuenta el tipo de fotografía que se hará (entiendo que este artículo encaja perfectamente en la fotografía de calle), las exigencias del sector o clientes, la competitividad de hoy en día y la adaptación a los avances tecnológicos.

    Un ordenador cualquiera puede servir, pero también puede no servir. Una cámara cualquiera, aunque buena, puede servir, pero no siempre sirve. Un objetivo cualquiera, aunque también bueno, sirve, pero tampoco siempre sirve. Y un flash de mano también sirve, pero puede quedarse corto para ciertos trabajos. Si a todo esto le añadimos la necesidad de tener un espacio de trabajo o estudio, dinero para la formación o comprar libros y dinero para pagar la cuota de autónomo, entre otras cosas, también estaremos presupuestando o configurando un “equipo” para trabajar como fotógrafo, que va más allá de un equipo inicial o básico.

    Es evidente que la experiencia y la creatividad, visión o capacidad de tomar fotografías relativamente buenas, que transmitan, es más fotografía y menos equipo. Pero la idea del equipo mínimo e indispensable puede confundir e incluso llevar a una situación relativamente fatal si no se entiende bien. Uno puede toparse con la realidad o la curva de aprendizaje que supone convertirse en buen fotógrafo, es decir, llevarse una buena sorpresa con la que no había contado.

    Una cámara relativamente mejor no te hace mejor fotógrafo, cierto. Si lo eres, ya lo eres, por decirlo de alguna manera. Existen personas que son capaces de hacer buenas fotos, pero tienen los recursos limitados. Y con creatividad y empeño se pueden realizar trabajos muy interesantes con recursos mínimos, como el empleo de la luz natural. Además, las limitaciones pueden ayudar a ser mejor fotógrafo, siempre que se tenga una actitud determinada. Pero esta carencia de material o recursos económicos también puede limitar en otro sentido.

    Lo importante es aprender a fotografiar con lo que se tiene, claro, y mirar de hacerse como sea con el material o dinero necesario para realizar ciertos trabajos. Así, entiendo que lo mínimo e indispensable es relativo.

    Y también podemos tener en cuenta que no es lo mismo un profesional o fotógrafo consolidado o reconocido, que puede permitirse el lujo de marcar forma, tendencia o estilo, que un fotógrafo que empieza o trata de hacerse un hueco en el sector. A menudo, tengo la sensación de que la gente que ya está “arriba” habla sobre cómo tienen que hacerse las cosas, y suelen dar buenas e interesantes lecciones a los que empiezan, pero olvidan que su visión actual y la manera que tienen de hacer las cosas es un derivado de una experiencia particular y un camino fotográfico.

    Por poner un ejemplo, uno puede decidir un estilo, disparar solo con luz natural y emplear un solo objetivo con una distancia focal determinada (“sigue lo que es tu gusto y nada más. No le creas más que a tu gusto, tu eres la vida y la vida es la que se escoge”). No es imposible y es buena idea marcar diferencia o estilo haciéndolo así (lo fácil no es siempre lo mejor), pero no nos olvidemos de la limitación que también supone y que es posible que a un fotógrafo que ya tiene cierta fama o que está en el culmen de su carrera le sea bastante más fácil competir o mantenerse así que a uno que empieza o está en proceso. Incluso los primeros pueden darse el lujo de retirarse al campo para escribir, cuando los segundos todavía deben viajar.

    Por tanto, mi opinión es que todo esto se puede relativizar y que una cosa es vivir el arte, quizás como un outsider o como una afición o estilo de vida, y la otra es vivir del arte.

    Salu2

    • Jota Barros
      septiembre 7, 2017

      Hola Jordi! :)

      Antes de nada, muchas gracias por tus amables palabras. Me halaga que te guste mi blog y siempre será un placer que pases por aquí. :)

      Estoy contigo en que para profesionalizarse y sobre todo en según qué tipo de fotografía quieres especializarte el equipo puede ser una limitación si no está adaptado a lo que queremos llegar a hacer. Entiendo que la carta de Larrain está muy condicionada por el tipo de Fotografía que hacía (calle) y que por tanto sus palabras sólo sirven para quienes quieren hacer fotos por el placer de hacerlas y dentro de ese género u otro pero siempre similar, o incluso para los profesionales que también hacen fotos en la calle para sí mismos.

      Muchísimas gracias por el aporte, sin duda más que acertado. Un abrazo y un saludo!

      Jota.

  • Iván
    septiembre 7, 2017

    Conocía la carta y me gusta, pero me gusta más si cabe ampliada con tus palabras. Muy inspiradora, sobre todo al hablar de la importancia de “perder” el tiempo vagabundeando y dejándose llevar, para encontrar tu esencia. Con lo de ser fiel a uno mismo creo que también lo clava, sino a la larga te acabas estampando con la realidad…que debemos hacer lo que nos gusta!!
    Gracias por la reflexión Jota! Un abrazote.

    • Jota Barros
      septiembre 7, 2017

      Hola Iván! :)

      Esa carta me despierta demasiadas cosas como para poder transcribirla sin más y sin contarlas! Gracias por el comentario, yo aún estoy aprendiendo a vagar, pero estoy en ello!

      Jota.

  • Frankie
    septiembre 8, 2017

    Estimados,
    gracias por tanto en tan poco.

    Sergio, ¿te puedo llamar así? Al fin de cuentas tenemos cierta familiaridad, la que nos da nuestros orígenes y nuestras pasiones, cosidas por la misma cordillera, y hoy, con tu permiso, seré tu sobrino.

    Gracias por la carta que me entrega Jota. Son tus reflexiones, tus verdades absolutas, que seguramente se contradicen con las de algún amigo francés que te has sabido ganar. Hoy tus verdades absolutas las haré mías, pero sólo hasta que formule las MÍAS.

    Para asegurarme de llevar la carta conmigo a todas partes, la he doblado para que cupiera en mi bolsillo. Lo hice con mucho cuidado de modo que al sacarla no haga falta desplegarla. Así ha quedado.

    Tener una máquina que a uno le guste.
    Salirse del mundo conocido….DEJARSE LLEVAR.
    Así vas mirando, para ir viendo.
    En el tope nada más lo que se guarda…guardar lo mediocre te estanca en lo mediocre.
    Perderse en la magia… como nadando bajo el agua, que nada te distrae… vas juntando poesía (lo tuyo y lo de otros)
    Tu eres el único criterio, pero ve de todos los demás.
    Hacer una exposición es dar algo…. No es lucirse uno….es sano para todos.
    Bueno, con esto tienes para comenzar.

    (la última frase es brutal!)

    Estimado Jota,
    Si con otras cartas se pide “matar al mensajero” ¿qué debemos hacer contigo con este regalo y por tu aporte constante en este espacio?

    Con tu permiso, como hice con Sergio, he cogido una reflexión tuya y también la he guardado en mi bolsillo tomándome la libertad de agregar algo:
    “…la vida es mucho más que Fotografía y merece ser disfrutada de muchas maneras diferentes…” y mientras lo haces, fotografíala!

    Un gran abrazo.
    Frankie

    • Jota Barros
      septiembre 8, 2017

      Hola Frankie. Vaya. Tengo que decirte que pocas veces me un comentario me ha dejado sin palabras. Y el tuyo lo ha conseguido.

      Muchísimas gracias por tus líneas, por el resumen, por tomar una de las mías para acompañarlas.

      Otro abrazo. Gracias emocionadas otra vez.

      Jota.

  • Blanca Durán
    septiembre 12, 2017

    Estoy conmovida por la lectura de esta carta. Veo reflejada en otra voz mucho de lo que la fotografía me hace sentir. Me renueva las ganas. Gracias por compartir.

    • Jota Barros
      septiembre 12, 2017

      Hola Blanca.

      Gracias por tu comentario. Me encanta que la hayas descubierto aquí, si sentías eso por la Fotografía tarde o temprano tenías que encontrarte con la palabras de Larrain.
      Un saludo y gracias de nuevo.

      Jota.

  • Alfredo Rodríguez
    septiembre 12, 2017

    Absolutamente conmovedora, muchas gracias por tu labor docente (y decente) y de divulgación de Fotografía.

    • Jota Barros
      septiembre 12, 2017

      Hola Alfredo! Estoy contigo, conmovedora y además imprescindible. :) Mil gracias por tus palabras.
      Jota.

  • José
    septiembre 14, 2017

    Interesante la carta y, como siempre, acertados tus comentarios. Tengo cosas para contarte, te escribiré un email. Un abrazo

    • Jota Barros
      septiembre 14, 2017

      Hola José! Cómo estás? Siempre me alegra saber de ti. :)
      Esperaré ese correo. Un abrazo.

      Jota.

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