50 Talleres de Fotografía! Así es uno por dentro…

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El pasado fin de semana celebramos el curso de Fotografía número 50, fue en Madrid y consistió en un Taller de dos días de Fotografía de calle con un grupo fantástico de 8 alumnos. He de admitir que cuando empecé con esto no imaginaba ni por asomo que llegaría a esa cifra (ni siquiera me lo planteaba), claro que entonces tampoco creía que se pudiese convertir en mi trabajo y, por extensión, en una filosofía de vida.

Aprender para enseñar. Aprender (también y mucho) mientras enseño. Y vuelta a empezar.

Una cifra tan redonda bien vale una pausa y algunas líneas, pero he pensado que en lugar de hacer un resumen de lo que han sido los talleres y su evolución hasta hoy, tendría más sentido contarte cómo son los cursos por dentro. A través de mis ojos.

Grupo del Taller Fotografía la Ciudad: Madrid

Aprovechando que tengo aún muy frescos los recuerdos del fin de semana tiraré de ellos, aunque lo que vas a leer podría aplicarse a cualquier otra edición; lo que he vivido en los últimos tres años en distintos puntos de Galicia, en Oporto, Ceuta o Madrid con otros grupos es siempre similar.

Y siempre excepcional.

En el fondo esta es mi forma de homenajear a mis alumnos; ellos no sólo me han traído hasta aquí sino que han hecho de este viaje una experiencia inolvidable. Va por todos y cada uno de ellos.

Un Taller (cualquier taller) de Fotografía de Rubixephoto, por dentro

Suena el despertador. Son las seis de la mañana. Afortunadamente ya hace mucho que consigo dormir bien la noche anterior a los talleres; cuando comencé no pegaba ojo. No era tanto por nervios (que también) como por el pánico a quedarme dormido y no estar allí cuando los alumnos fuesen llegando.

Me preparo un buen desayuno que normalmente tomo de pie para que mi cuerpo se vaya haciendo a la idea de la actividad que le espera. Café con leche y un par de tostadas, una pieza de fruta y un yogur.

Me lavo la cara con agua fría y me visto. Ayer revisé el contenido de la mochila para asegurarme de que tengo en ella todo lo importante así que ahora sólo tengo que cargármela a la espalda y salir a la calle.

Hace frío pero el día está despejado, genial, las previsiones tenían razón y parece que tendremos buen tiempo. Pienso en la suerte que he tenido hasta ahora, este es el taller número 50 y (a pesar de que muchos han sido en Galicia y durante todo el año) sólo una vez llovió tanto como para tener que hacer la práctica a cubierto. Vaya mañana la de aquel sábado en Allariz, en la que el viento y la lluvia nos obligaron a resguardarnos en el Mercado da Biosfera después del café…

Entro en la estación de Metro. Está prácticamente vacía, cuando llega el tren subo en él con dos o tres personas. A medida que nos acerquemos al centro el número de viajeros irá en aumento. Me quito la cazadora, cojo el libro que tengo empezado (Rayuela de Cortázar, una vieja cuenta pendiente que un tal Pau Buscató me recordó hace unas semanas) y me pongo a leer, falta una hora hasta mi estación. De tanto en tanto recuerdo algún aspecto del taller que quiero enfocar de una determinada manera o cambiar respecto a la última vez, entonces dejo el libro en el asiento de al lado y consulto las notas de mi libreta, apunto algo más y la vuelvo a guardar en el bolsillo exterior de la mochila. La gente entra y sale continuamente de los vagones.

Transbordo en Tres Olivos.

“Próxima estación, Plaza de España. Correspondencia con línea 3.” Es la mía. Ayer hice el mismo recorrido para asegurarme de tener localizado el local así que, como aún queda un rato para la hora en la que podré entrar y preparar el material, dirijo mis pasos hacia una cafetería próxima. Café solo largo y un vaso de agua, por favor. Entre trago y trago un último vistazo a las notas que tomé mientras pateaba las zonas que visitaremos a lo largo del fin de semana.

Hora de entrar en el aula (por lo general siempre un poco antes del comienzo del taller). Me llevan hasta la sala y le echo un vistazo rápido, todo está tal y como habíamos acordado: la mesa en disposición “U”, hay una pantalla y un proyector. Hasta que veo el sitio en el que damos la clase siempre siento una pequeña inquietud, me preocupa que no resulte tan cómodo como me gustaría, pero una vez más es justo lo que necesitamos. Saco el portátil de la mochila y lo conecto al cañón, abro la presentación y la pongo a pantalla completa en la diapositiva de bienvenida.

Suena el timbre. Los alumnos comienzan a llegar. Nos saludamos a medida que entran en el aula. A la mayoría es la primera vez que los veo, pero también hay quien ya ha estado antes. Son sensaciones distintas, pero en el fondo no tanto; que alguien que sólo me conoce a través de las redes sociales o del blog se apunte a un taller (a veces viajando cientos de kilómetros para hacerlo) nunca deja de sorprenderme y de llenarme, que alguien que ya lo ha hecho antes repita significa muchísimo y hace que de forma natural surja una cierta complicidad.

A medida que se van llenando las sillas aprovechamos para charlar de todo un poco. Al fin y al cabo no se trata sólo de estar cómodos físicamente sino también de que nos vayamos soltando.

Hora de comenzar. Me gusta empezar explicando qué buscamos con el taller y cómo vamos a tratar de conseguirlo, así que repasamos brevemente el programa antes de entrar de lleno en la charla teórica. Revisamos los conceptos básicos de composición y técnica orientados a la Fotografía de calle, pero sobre todo vemos un buen montón de imágenes que se aprovechan de las decisiones adecuadas para conseguir atractivo visual.

Muestro el trabajo de fotógrafos a los que admiro, clásicos y también actuales. Ojos como platos, sonrisas y exclamaciones de asombro. Cuando nos damos cuenta todos estamos comentando las imágenes, haciendo y contestando preguntas sobre la marcha.

Fin de la parte teórica. A por un café antes de patear las calles con las cámaras en las manos. Una excusa perfecta para que sigamos conociéndonos, para oír otras formas de acercarse a la Fotografía (cada uno tiene la suya, y todas son igual de válidas) y para resolver las primeras dudas.

Comienza el recorrido práctico. Hasta las 6 de la tarde y durante la mañana del domingo paseamos por algunas de las zonas de Madrid que ofrecen más posibilidades fotográficas. Todas lo suficientemente distintas como para que tengamos que enfrentarnos a situaciones diferentes y comprobar que no hay sitios buenos y malos, sino sólo la forma adecuada de mirarlos. En cada sitio me limito a dar algunas indicaciones para que cada alumno explore y practique a su ritmo. Sin prisas ni presiones. Me mantengo cerca y atento, trato de intervenir sólo cuando es conveniente o cuando puedo aportar pistas útiles.

Una foto de grupo diferente.

Fotografía © Mª Jesús Ramírez Vega

Me encanta ser testigo de la evolución que se produce en sólo dos jornadas. El sábado todo cuesta un poco más, es normal, la presión de conseguir fotos aún está muy presente y nos atenaza a todos. Hay muchas dudas que vamos resolviendo a medida que aparecen. Con el paso de las horas todo empieza a encajar porque se comienza a mirar de otra manera. Las preguntas comienzan a cambiar y las charlas uno a uno o en pequeños grupos se siguen sucediendo pero manejamos conceptos más visuales y abstractos.

Hay algo muy significativo: el primer día la cámara tiene mucho peso en el proceso, durante la segunda jornada es sólo una herramienta más de todas las que podemos poner en juego al hacer una foto, algo que se nota por ejemplo en que antes de llevarla a la altura de los ojos se hacen muchas cosas más: mirar, descartar, volver a mirar, dar algunos pasos, esperar, dar algunos pasos más en otra dirección, cambiar el punto de vista y, sólo al final, disparar. Me gusta mirar mientras crean, juego a imaginar qué están viendo y el resultado siempre me sorprende.

Hay otra cosa que me encanta presenciar: la continua interacción entre los alumnos. Con el paso de las horas en el grupo acaba creándose un ambiente muy especial, mientras caminamos de un lugar a otro surgen conversaciones espontáneas que no siempre tienen que ver con el taller, confidencias, risas, a la hora de fotografiar se muestran y comentan lo que han hecho y se animan mutuamente. Cada vez lo tengo más claro: la Fotografía es mucho más que hacer fotos y la gente que pone en tu camino es a menudo uno de los mejores argumentos para mantenerla cerca.

Domingo 16:00, de nuevo estamos en el aula, toca abordar una parte complicada y a la vez necesaria para avanzar todavía un paso más: cada alumno seleccionará sus tres imágenes favoritas del taller y las veremos y comentaremos entre todos a pantalla grande. La edición es una fase dura, significa no sólo decidir qué fotos nos gustan (y saber por qué) sino también descartar muchas otras, la inmensa mayoría.  Precisamente por eso es indispensable pasar por ella. De manera espontánea todos participan durante la preselección inicial de cada compañero, los comentarios van surgiendo de manera natural y una vez más todos aprendemos de los otros. De nuevo ojos como platos y exclamaciones de asombro, pero ya no por imágenes de grandes fotógrafos sino por las de los integrantes del grupo.

Las imágenes son magníficas y como profe no puedo evitar una sensación de orgullo. La mayoría han sido hechas sin que yo mismo fuese consciente, ocho personas han aplicado su propia forma de mirar y sus inquietudes para crear tomas completamente diferentes a pesar de haber compartido los mismos espacios y el mismo tiempo. Han tomado los contenidos y con ellos han extraído oro. Es sencillamente impresionante. Nos detenemos un rato en cada fotografía, comienzo hablando yo pero pronto todo el mundo se une y aporta sus propias conclusiones. No podría ser más enriquecedor. Recuerdo aquello que leí una vez y que no dejo de comprobar en cada taller: “enseñar es aprender dos veces”.

Llega la hora de acabar. Nos despedimos en la calle (han esperado a que acabe de recoger). De corazón, agradezco que hayan confiado en mí y sobre todo que hayan contribuido de forma definitiva a que todo saliese a pedir de boca.

Mientras espero el metro de vuelta pienso en la suerte que tengo al ser testigo de cómo la gente se apasiona con la Fotografía. Soy consciente de que en el fondo estoy enganchado a esa sensación. Si no ¿cómo se explica que tras dos días tan intensos no solo no esté cansado sino que me sienta lleno de energía?

Bonus: aquí tienes las fotografías seleccionadas por cada uno de los alumnos, 3 minutos de los que no podría estar más orgulloso… Disfruta! https://youtu.be/xGDbaDHyhcI

¿QUIERES SEGUIR APRENDIENDO FOTOGRAFÍA?

  • ROMA, 17 a 19/11/2017: 15º Taller “Fotografía la Ciudad” (contrata sólo el taller y viaja por tu cuenta o consulta la oferta de vuelo y alojamiento. COMPLETO).
  • LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 25/11/2017: 35º Taller de Iniciación a la Fotografía “Más allá del Modo Auto” (ÚLTIMAS PLAZAS).
  • LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 26/11/2017: 23º Taller de Composición y Lenguaje Visual “Un Fotografía, una Historia” (COMPLETO).
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2 Comments
  • María José Esparcia
    agosto 18, 2017

    Hola, me gustaría saber el precio y horarios del curso de Valencia. Gracias y un saludo. María José

    • Jota Barros
      agosto 18, 2017

      Hola María José. :)

      Muchas gracias por tu correo, te he enviado un mail a la dirección facilitada. Un saludo y espero que hasta octubre.

      Jota.

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