Mi primer carrete de Fotografía analógica (en muchos años), II

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Hace ya algunos meses que te contaba que había recuperado una vieja cámara de casa de mis padres para retomar la Fotografía analógica. Eso fue allá por octubre y no, no es que haya vuelto a abandonarla sino que por el camino he descubierto que el ritmo y el tempo de la captura de imágenes en película cambian por completo el proceso. Y está bien que así sea, por cierto…

Total, que recientemente he recogido en el laboratorio mis negativos revelados y los archivos digitales resultantes de su escaneado. Ahora ya estoy en condiciones de contarte qué he aprendido con mi primer carrete en (muchos) años.

Fotografía de calle analógica: una mano tras una puerta.

Fotografiando en modo completamente manual

Esa vieja y preciosa Yashica FX-3 Super 2000 con la que he retomado la Fotografía analógica carece de todas las facilidades que podrás encontrar en una cámara digital: el enfoque es manual, no hay modo de prioridad a la apertura o a la velocidad y la única ayuda que ofrece es una indicación del fotómetro que me chiva si la imagen va a quedar (según su criterio) sobre, sub o correctamente expuesta.

Eso se traduce en que tomar una foto implica concentrarse y hacer conscientemente todos las pequeñas acciones que normalmente delegamos en nuestras máquinas. Medir la luz y ajustar la exposición no es ni mucho menos lo más frustrante, al fin y al cabo, una vez que has encontrado una combinación de tiempo, diafragma e ISO correcta para unas determinadas condiciones, mientras ésta no cambien no hay motivo para mover ningún ajuste.

Probablemente tener que enfocar confiando en la rapidez de tus dedos y en la precisión de tus ojos (el enfoque se comprueba a través del visor, haciendo coincidir dos partes de la escena en el círculo central) es la parte más complicada. Sobre todo cuando fotografías a grandes aperturas y la profundidad de campo es muy reducida, en esos casos cualquier pequeño fallo o un cambio de distancia echan al traste el enfoque.

En algún momento pensé en recurrir a la distancia hiperfocal, ya sabes, ese ajuste en tu cámara que te permite olvidar el enfoque ya que todo lo comprendido entre cierta distancia a tu cámara y el infinito queda nítido. Poco operativo: para un objetivo de 50mm con un negativo de 35mm ese valor se va a muchos metros, aunque emplees una apertura relativamente reducida (algo más de 7 metros para f/8 y por encima de 10 a f/11); además recurrir a un diafragma tan pequeño en combinación con una sensibilidad baja (ISO 200) hace caer la velocidad de obturación dramáticamente, a no ser que haya mucha luz. Y no, en Galicia a partir de octubre no disfrutamos de ese pequeño lujo muy a menudo… ;-)

Y es que la sensibilidad ISO es una variable que tienes que manejar de una manera completamente distinta cuando fotografías en analógico. Con nuestras cámaras digitales podemos cambiar drásticamente ese ajuste de una toma a otra, con lo que siempre tenemos la posibilidad de dejar apertura y/o velocidad justo donde queremos (o casi), en la mayoría de los modelos más recientes, además, podemos optar por un ISO automático, que cubre el rango entre dos valores prefijados de antemano, sin bajar de una determinada velocidad de obturación. En Fotografía analógica estarás atado a un ajuste durante todo el carrete, de manera que más te vale acertar o estarás muy cerca de los límites, o directamente fuera de ellos como me pasó a mi: ISO 200 parecía una buena idea a principios del otoño, pero a medida que avanzaban las semanas cada vez tenía menos luz y me veía obligado a emplear velocidades más bajas y aperturas más grandes…

Súmale a todo lo anterior la imposibilidad de comprobar inmediatamente si la toma que acabas de intentar responde a lo que buscabas y tienes la fórmula perfecta para que el proceso de hacer fotografías en analógico sea sinónimo de frustración.

Cuando todas esas desventajas son algo bueno

El primer impulso cuando había hecho algunas fotos y comprobado lo torpemente que manejaba una cámara que no “me ayuda” a conseguir lo que busco y que ni siquiera me da la oportunidad de comprobar el resultado para corregir mis decisiones fue volver a la comodidad de lo digital. Ya sabes, la famosa zona de confort.

Sin embargo hay algo en todo ese proceso que me atrae irremediablemente: cada toma se convierte en un acontecimiento. El momento se vuelve más fugaz: soy más lento y no puedo corregir sobre lo que he hecho, eso imprime una cierta dosis de presión pero a la vez me hace más selectivo y exigente.

Tan pronto como llevas la cámara a tu ojo y comienzas a efectuar ajustes tienes la certeza de que (al menos en un entorno no controlable como la calle), o tomas las decisiones adecuadas o no te llevarás la imagen que persigues. Todo se vuelve importante.

El hecho de no poder constatar inmediatamente el resultado hace que sigas explorando la escena para probar otras cosas, no ves lo que tienes y por tanto no cabe la posibilidad de conformarse, ¿cómo dejar de fotografiar si no tienes la certeza de haber conseguido algo interesante?

Por si fuese poco, a no ser que fotografíes muchos carretes en muy poco tiempo tus fotos van a macerar un tiempo prudencial antes de verlas. No puedes llegar a casa y visualizarlas inmediatamente, de manera que el proceso de edición cambia completamente: esperas a tener los negativos revelados o a que alguien lo haga por ti y sólo entonces, ya con una cierta distancia y un tiempo más o menos largo de por medio, verificas los resultados de una forma más objetiva. Los recuerdos se han diluido, al menos en parte, y sólo quedan las fotografías.

Así que de tanto cojo únicamente una veterana analógica (ahora y gracias a Jose, un asiduo lector del blog, tengo también una pequeña Olympus que me encanta); trato de no llevar nunca a la vez una cámara digital y otra analógica porque usar cada una requiere un estado mental muy diferente y no siempre quiero tener la oportunidad de optar por la comodidad de lo que conozco mejor. En esos momentos tengo la sensación de que, aunque los resultados que me gustaría conseguir están (aún) más lejos, aprendo más y más con cada disparo: soy consciente de que ir más rápido no garantiza mejores fotos y por tanto me concentro al 100% en el proceso, pienso menos en disparar y más en cuándo y cómo hacerlo.

Y vuelvo a sentirme aquel chaval que descubría la Fotografía poco a poco, por primera vez…

¿Fotografías en analógico? ¿Cómo? ¿Por qué? Cuéntame tus experiencias en los comentarios, estoy seguro de que aprenderé mucho con ellos… ¿Te ha gustado la entrada? Compártela entre tus redes (gracias!).

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10 Comments
  • Braulio Moreno
    Febrero 11, 2016

    Mi primera cámara analógica propia fue una similar a tu Yashica, una Samyang df-400x, que si que cuenta con un modo de prioridad a la apertura, además del modo manual. Pero ese enfoque manual y esa falta de funcionalidades de la cámara me ayudaron a centrarme en lo importante y en aprender cómo funcionaba aquella simple cámara. Con ella y un viejo y estupendo libro de Michael Langford, llamado “La fotografía paso a paso, un curso completo” (sobre fotografía completamente analógica) aprendí muchas cosas de técnica, y de creación de la imagen.

    La escasez de medios, sobre todo seguramente al principio, lejos de ser un inconveniente, considero que es una ventaja, porque lo que no te dan los medios lo tienes que suplir con ingenio, pensando, … forzándote a ser más creativo. La facilidad de disparo actual, con la fotografía digital, no nos obliga a tanta concentración, a pensar tanto la imagen, y si no somos conscientes de ello, las muchas ventajas que tiene la fotografía digital, se verán seriamente mermadas por este hecho. Creo que un buen ejercicio en digital es imponerse restricciones, por ejemplo, no hacer más de 24 disparos en una salida, no mirar el resultado, fijar la focal si usamos zoom y no moverla, etc. Recientemente he adquirido una Kodak Brownie nº2 y estoy a ver si le doy uso, ya te contaré.

    • Jota Barros
      Febrero 11, 2016

      Hola Braulio. Qué tal? :)

      Al final es justo como dices: las limitaciones nos hacen crecer, sólo se trata de no rendirse ante ellas y echarle imaginación y horas, el resultado siempre es una mejora en nuestras imágenes. Por otra parte lo contrario también puede ser cierto: muchas ayudas acaban significando comodidad y conformismo. Así que abracemos la incertidumbre y no olvidemos que muchos de los grandes hacían imágenes memorables con menos tecnología de la que ahora cualquiera de nosotros lleva en el bolsillo… ;)

      Un abrazo, gracias por comentar, como siempre es un placer.

      Jota.

  • bieito
    Febrero 12, 2016

    bien Jota! espero que hayas disfrutrado del proceso. Sin duda fotografiar con una cámara analógica ayuda a mejorar y si sigues haciéndolo casi seguro que va a influir (a mejor) en tu modo de disparar con la digital.
    Podría estar hablando de fotografía analógica todo el día… jejeje, me encanta. Saludos.

    • Jota Barros
      Febrero 12, 2016

      Hola Bieito!

      Noto que aún estoy muy, muy lejos de sentirme cómodo con una cámara analógica, pero lejos de ser un problema, esa incomodidad y el esfuerzo que exige me resultan muy atractivas. Seguiremos. :)

      Gracias por pasarte y contar, siempre es un placer. :)

      Jota.

  • josé
    Febrero 15, 2016

    A que es emocionante. Yo empecé en la fotografía con una kodak retinet allá por el año 71, cuando tu, seguramente, no habías nacido, sin tener idea de nada. No tenía fotómetro, había que guiarse por lo ponía en el prospecto del carrete dependiendo de la sensibilidad del mismo: Sol brillante 125-f16; nubes y claros 125-f8; nublado 125-f5 y así sucesivamente. Era una cámara preciosa que todavía la conservo. Seguro que vas a disfrutar porque la incertidumbre del resultado también es un acicate. Un abrazo

    • Jota Barros
      Febrero 15, 2016

      Hola Jose. Lo es, sin duda y mucho! Y ya tengo ganas de ver los resultados que consigo con la Olympus que tenemos “a medias!, aunque aún tardarán. Como tú bien dices, en la espera está parte de la magia.

      Gracias por pasarte y aportar, siempre es un placer leerte. Un abrazo grande y fuerte.

      Jota.

  • ERNESTO MIRABAL GONZÁLEZ
    Febrero 15, 2016

    Muchos dicen que la fotografía analógica es la “verdadera fotografía” y, aunque yo no comparto mucho ese criterio, pues pienso que la fotografía digital también tiene lo suyo, creo que debe ser todo un reto lanzarse a fotografiar con una de esas viejas cámaras. Saludos

    • Jota Barros
      Febrero 15, 2016

      Hola Ernesto. Qué tal? No sé si tanto como la verdadera Fotografía, pero sí tiene algo que te devuelve a la esencia, a veces con tantos automatismo como tenemos en la foto digital olvidamos lo más importante: las imágenes! :)

      Saludos.

      Jota.

  • Nicolás
    Enero 9, 2017

    Hola Jota. Una muy buena entrada. Te cuento que mi objetivo es llegar a la analógica. Por eso compré una cámara sin Live View, como para exigirme al menos enfocando por el visor y no viendo de antemano el resultado que obtendría. El tiempo y la pausa que exige disparar en analógico creo que prepara nuestra mente de otra manera. Sin embargo aún no me siento en capacidad de pasarme del todo a la analógica porque aún cometo errores que con película saldrían costosos. Gracias por compartir tus experiencias.

    • Jota Barros
      Enero 9, 2017

      Hola Nicolás. :) Muchas gracias, me alegra que te haya gustado.

      Creo que esa transición que planteas es muy interesante, lo analógico es exigente pero como tú, creo que el ritmo que impone ayuda a pensar más en el resultado. Un abrazo y de nuevo gracias por tu aportación.

      Jota.

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