Por qué pensar constantemente en el resultado puede empeorar tu Fotografía

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Escena de Fotografía callejera en Allariz, Galicia.

Permíteme que la entrada de hoy comience hablando de algo que a priori parece que no tiene nada que ver con la Fotografía; acabará teniendo todo el sentido… O eso espero. Tú me dirás. :-)

El caso es que cuando haces una tarea, la que sea, puedes seguir una serie de pasos que te permiten abarcar todo el proceso y mejorar continuamente. En el entorno productivo y de gestión esta serie de etapas se conoce como ciclo de Deming o PDCA (plan, do, check, act), en castellano se pueden traducir por: planificar, hacer, verificar y corregir. Aunque el concepto proviene de un ámbito tan específico es aplicable a cualquier entorno y, si se sigue correctamente, facilita mucho conseguir lo que se busca, también en Fotografía

Básicamente la rueda o ciclo de Deming establece que para desarrollar un determinado trabajo y mejorar cada vez hasta llegar al mejor resultado posible, debes pasar por:

  1. una fase de planificación, en la que defines qué pretendes conseguir y cómo vas a hacerlo
  2. una etapa de ejecución, en la que desarrollas las actividades que has planteado en el punto anterior
  3. una fase de evaluación, en la que compruebas si te has acercado al objetivo planteado, de no ser así, pasas a la siguiente…
  4. corrección: en este momento, de acuerdo al aprendizaje del paso anterior, defines cómo vas a solucionar los problemas que han hecho que el resultado no sea el esperado (por ahora)

Y vuelta a empezar, por eso se llama “ciclo”: los pasos se concatenan hasta que el resultado es el que buscas. Planificas, haces, verificas, corriges, planificas, haces, verificas, corriges…

Llevémoslo a nuestro terreno, la Fotografía: imagina que decidimos documentar una determinada situación sobre la que no tenemos control, un lugar, un acontecimiento, o una determinada gente…

Podemos coger nuestra cámara y, sin más, acercarnos y comenzar a fotografiar; aunque no cabe duda de que si nos documentamos y preparamos por adelantado un pequeño guión tendremos más posibilidades de aprehender los aspectos más significativos, lo que no es otra cosa que el punto 1, hoy quiero hablarte de los dos pasos siguientes que a menudo hacemos a la vez, y de cómo actuar así puede influir (para mal) en nuestros resultados.

Primero fotografía, después evalúa

Me imagino que, como una mayoría en la que me incluyo, tiendes a comprobar las fotografías que haces de forma regular, para verificar si has conseguido algo bueno, se trata de un mal hábito más al que nos hemos acostumbrado. Al hacerlo así estamos mezclando dos pasos que deberían permanecer separados: ejecución y comprobación (los pasos 2 y 3 del ciclo).

Hay dos grandes motivos por los que conviene mantenerlos aparte:

  • Nuestro enfoque tiene que ser completamente distinto cuando estamos fotografiando y cuando estamos evaluando, al hacer esas dos cosas a la vez nos estamos obligando a adoptar simultáneamente dos estados mentales que persiguen objetivos diferentes: uno en el que tenemos que reaccionar ante lo que sucede a nuestro alrededor y tomar decisiones técnicas y compositivas para sacarle el máximo partido, y otro en el que debemos valorar lo más fríamente posible las fotografías para decidir cuáles merecen la pena y cuáles no. Alternar esos dos enfoques sobre el terreno pone en peligro el resultado del proceso.
  • En segundo lugar, cuando fotografías necesitas toda la energía a tu disposición, si a la vez te dedicas a emitir juicios sobre cada imagen corres el riesgo de desgastarte y, como consecuencia, las fotografías pueden ir a peor, incluso es posible que des por acabada la sesión antes de tiempo al convencerte a ti mismo de que no vas a conseguir nada bueno (o al contrario, de que ya tienes lo mejor que podías lograr).

Además, en Fotografía urbana hay al menos otra razón para no evaluar mientras fotografiamos (salvo, quizás, comprobaciones mínimas para asegurarnos de que tenemos los ajustes correctos para la calle), y es que al no tener ningún tipo de control sobre lo que sucede a nuestro alrededor, consumir un tiempo valioso en comprobar qué hemos capturado puede hacer que nos perdamos esos instantes que nunca se repiten y que dan sentido a la Fotografía callejera.

En definitiva

Puedes saltarte la fase de planificación si lo que te gusta es hacer fotografías de forma espontánea sin preparación ni documentación (no siempre hay por qué prepararlo todo), pero cuando estés fotografiando en la calle olvídate de comprobar todas y cada una de las imágenes, ni lo hagas cada treinta segundos. Prueba a fotografiar con una máquina analógica o desactiva la revisión automática en tu cámara digital, concéntrate en hacer las mejores fotografías que puedas y sólo cuando hayas acabado cambia el chip para evaluarlas o, mejor aún, date un tiempo prudencial para tomar distancia y valorarlas más adelante.

Devuélvele al momento de la toma toda la atención y la energía que merece, probablemente tus fotos te lo agradecerán…

¿Qué opinas? ¿Eres de los que comprueba cada foto que hace? ¿Te has propuesto cambiarlo? Me encantará conocer tus impresiones y tus experiencias a través de los comentarios. ¿Te ha gustado la entrada? ¿La has encontrado interesante? Compártela en tus redes. Gracias!

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4 Comments
  • Braulio Moreno
    Noviembre 9, 2015

    Mientras estamos evaluando el resultado de nuestras fotografías pueden pasar cosas interesantes delante de nosotros, sin que nos demos cuenta. Estoy totalmente de acuerdo que el disparo exige la máxima concentración, y no debería haber nada que nos haga reducir la misma.

    Aunque naturalmente la cosa no es blanco o negro, no se trata de no mirar nunca la captura, sólo reducir ese tiempo al máximo, mirar algún disparo previo para aseguraros que la exposición, enfoque, etc. es el correcto, pero en adelante mientras no cambien en exceso las condiciones de disparo ya no es necesario esa revisión.

    Es un tema importante, y un hábito a mejorar si queremos conseguir las mejores tomas posibles. Buen artículo.

    • Jota Barros
      Noviembre 9, 2015

      Hola Braulio.

      No podría estar más de acuerdo: no se trata tanto de no mirar nunca la pantalla como de hacerlo lo justo y necesario para poder despreocuparte completamente de ella, una vez que, por ejemplo, sabes que los ajustes están donde debes y ya puedes pensar únicamente en las fotos.

      Gracias por tu aporte. Saludos!

      Jota.

  • jose sanchez
    Diciembre 30, 2016

    Creo que esto va por fases de aprendizaje. En los centros de formación nos piden que anotemos diafragmas, velocidades… y va bien para comprobar como actúa la misma imagen con diferentes parámetros. Después vas olvidando esto para concéntrate en la composición y el momento, el resto es casi instintivo.
    Yo intento seguir tres pasos “observar, anticiparse, disparar”. Y luego delante del ordenador, con clama, decidir de la mejor serie, las mejores. Si en un día de fotos, en la que puedo hacer entre 100 y 200, selecciono unas 10 ó 20, ya soy feliz. E incluso, en raras ocasiones ya me encuentro bien saliendo con la cámara, aunque tan sólo seleccione un par, la cuestión es salir acompañado con la cámara.
    Y sin obsesionarse con extremo, creo que la experiencia nos dice cuando no vale la pena hacer una fotografía tras observarla por la mirilla, por ejemplo, porque la iluminación, o una sombra no es de tu agrado, o el momento ya ha pasado, ya sabéis “si la has visto, la has perdido”

    • Jota Barros
      Diciembre 30, 2016

      Hola Jose. :)

      Estoy contigo: es una cuestión de en qué etapa te encuentres (al principio estás demasiado pendiente de aspectos técnicos y cuando los dominas puedes llegar a “obsesionarte” con la composición), por suerte y como dices, también se trata de simplemente disfrutar. El tema es no obsesionarse (con nada, técnica, resultado) para no acabar dejando la foto de lado…

      Por cierto, me encanta eso de “si la has visto, la has perdido”. Me lo grabaré a fuego.

      Saludos!

      Jota.

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